Cinco pasos hacia una mayor esperanza
Homilía para Vigésimo Séptimo Domingo de Tempo Ordinario
¡Hasta cuándo, Señor! ¡Pediré auxilio, sin no me escuches!
La primer dos capitulos de the profeta Habacuc va de la desesperación a la esperanza. Va de Habacuc clamando a Dios un lamento, a Dios respondiéndole con una promesa. (see Hab 1:2-3, 2:2-4)
Habacuc nos muestra cómo pasar de la desesperación a la esperanza, del desánimo al ánimo.
Piensas en un momento en el que sentiste desesperación. ¿Tu oración se parecía a la de Habacuc? “¿Hasta cuándo, Señor?” ¿Hasta cuándo debo soportar esta aflicción?
O piensas en un momento en el que te sentiste totalmente frustrado. No sabías si podrías aguantar más. Pensaste que no podía empeorar, y empeora. Gritas: “¡Hasta cuándo, Señor! ¡Pediré auxilio, sin no me escuches!”.
Quizás te va bien, pero miras a tu alrededor y ves que el mundo se hunde en la locura. Habacuc contempló el mundo destrozado que lo rodeaba y se hizo eco de lo que muchos lamentan hoy. “¿Por qué me dejas ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Ante mí hay… surgen rebeliones y desórdenes.”
Afortunadamente, este pasaje tiene dos partes. La primera es el clamor de Habacuc a Dios. La segunda es la respuesta de Dios.
La respuesta de Dios es un modelo para convertir un lamento en esperanza:
“Entonces el SEÑOR me respondió y me dijo: Escribe la visión que te he manifestado, ponla clara en tabillas para que se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo no fallará. Si se tarda, espéralo, pues llagará sin falta.”
La respuesta del Señor comienza con una visión. Es como si el Señor dijera: “No te quedes enfocado en tus problemas. No te quedes enfocado en los problemas del mundo. Ajusta tu mirada a esta gloriosa visión.” La visión es lo que Jesús llama el reino de Dios.
El Señor entonces le ordenó a Habacuc que la escribiera. Comparte esta visión de esperanza con otras personas. El Señor entonces dijo: “Si tarda, espéralo”.
El Señor entonces nos hace una promesa a Habacuc y a ti y a mí: “La visión avanza hacia su cumplimiento. Sin duda llegará”.
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Basándome en la respuesta del Señor a Habacuc, me gustaría compartir cinco pasos prácticos para aumentar tu esperanza. (Adaptado de Caridades Católicas en San Luis*): Una Palabra de Esperanza. Un Camino de Esperanza. Una Señal de Esperanza. Un Llamado a la Esperanza. Un Ancla de Esperanza.
1. “UNA PALABRA DE ESPERANZA”: COMIENZA TU DÍA CON ÁNIMO
El Señor le ordenó a Habacuc que “lo escribiera”. Comienza cada día con palabras de esperanza. Puede ser un versículo de las Escrituras, una cita inspiradora o una frase de tu oración favorita (venga a nosotros tu reino). Pega palabras de esperanza en el espejo de tu baño, refrigerador o escritorio. Deja que estas palabras sean un pequeño rayo de luz a lo largo de tu día.
2. “UN CAMINO DE ESPERANZA”: DA UN PASO HACIA ALGO MÁS GRANDE
La esperanza es una virtud y, como todas las virtudes, necesita practicarse para crecer. Cada noche, escribe algo que harás al día siguiente para iluminar tu vida o la de alguien más. Puede ser tan simple como llamar a un amigo, hacer voluntariado o comenzar un pequeño proyecto creativo.
3. “SEÑALES DE ESPERANZA”: OBSERVA LO BUENO QUE TE RODEA
Con demasiada frecuencia, nos obsesionamos con lo que está mal. Como Habacuc, vemos ruina y miseria, conflicto y discordia. Perdemos las pequeñas bendiciones que nos rodean. Lleva un diario de gratitud. Al final de cada día, anota tres cosas que te dieron esperanza.
4. “LLAMADOS A LA ESPERANZA”: BUSCA Y COMPARTE ÁNIMO
Habacuc le dijo al Señor: «Pediré auxilio, si que me escuches». Cuando no podamos escuchar al Señor, busquemos a un amigo de confianza o a un consejero espiritual. De igual manera, podemos ofrecer esperanza a los demás con un gesto amable, un oído atento o simplemente estando presentes.
5. “ANCLADOS EN LA ESPERANZA”: MANTÉNGASE FUNDADO EN ALGO ETERNO
En definitiva, vivir una vida de esperanza requiere un ancla, algo sólido e inquebrantable que nos mantenga firmes cuando las olas de la vida se agitan. Crea un “ancla de esperanza” para ti: un hábito o ritual que ajuste tu mirada de los problemas a la visión de Dios. Esto podría ser encender una vela o rezar una breve oración cada noche… algo que te recuerde el amor de Dios.
Estas son las cinco maneras de tener más esperanza: Una palabra de esperanza. Un camino de esperanza. Señales de esperanza. Llamamientos a la esperanza y permanecer anclados en ella. Cada uno puede fortalecer nuestro espíritu y ayudarnos a convertirnos en fuentes de esperanza para quienes nos rodean.
Y recuerda las palabras del Señor: La visión… viene corriendo y no fallará. Si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta.


