Cómo mirar más allá de la maleza
¿Qué es lo que más te preocupa hoy?
Tal vez es un hijo que se ha alejado de la fe. Tal vez un problema de salud. Un matrimonio difícil. Problemas económicos. O una situación que no puedes cambiar.
Miramos el campo de nuestra vida y vemos muchas malas hierbas. Entonces hacemos la misma pregunta que los sirvientes del Evangelio:
“Señor, ¿quieres que las arranquemos?” Jesús responde con una respuesta sorprendente: “No. Déjenlas crecer hasta la cosecha.”
Si pudiera resumir el Evangelio de hoy en una sola frase, diría esto: Tú eres el sembrador. Dios es el jardinero.
Nosotros sembramos. Dios cuida el campo.
Muchas veces queremos hacer el trabajo de Dios. Queremos cambiar a las personas. Queremos resolver todos los problemas. Queremos quitar todo lo que nos hace sufrir.
Pero Jesús dice: “Todavía no.”
Dios ve lo que nosotros no vemos. Él conoce los corazones. Él sabe lo que está pasando en lo profundo de cada persona. También sabe que en nuestro propio corazón hay trigo… y también algunas malas hierbas.
Por eso la primera lectura dice que Dios juzga con paciencia y misericordia. ¡Qué buena noticia!
Porque si Dios arrancara inmediatamente todas las malas hierbas, quizás empezaría por las que hay en mi corazón. En lugar de eso, Dios nos da tiempo para crecer y convertirnos.
Entonces, ¿cuál es nuestro trabajo? Jesús responde con las otras dos parábolas.
El Reino de Dios es como una semilla de mostaza. El Reino de Dios es como la levadura.
Las dos son pequeñas. Parecen insignificantes. Pero poco a poco cambian todo.
Así es como los cristianos transforman el mundo.
Con pequeños actos de amor. Una palabra de ánimo. Un gesto de perdón. Una comida compartida. Escuchar a una persona que está sola. Responder con paciencia en lugar de enojo. Rezar por alguien que está sufriendo. Esas son las semillas que Dios nos pide sembrar.
En el refugio para personas sin hogar donde trabajo, algunos días son tranquilos y otros son muy difíciles. Cada mañana hago una oración sencilla: “Señor, ayúdame a sembrar paz, esperanza y alegría.”
No siempre lo hago bien. Pero he aprendido que una persona tranquila puede cambiar el ambiente de toda una habitación. Una palabra amable puede cambiar un corazón.
No subestimemos el poder de las pequeñas semillas.
Dios pone las semillas en nuestras manos. Semillas de amor, joya, esperanza, paz, paciencia…
Nosotros decidimos si las sembramos. La cosecha pertenece a Dios.
Por eso san Pablo dice que el Espíritu Santo ora dentro de nosotros, incluso cuando no sabemos cómo orar. Dios ya está trabajando en el campo, aunque nosotros no podamos verlo.
Esta semana, no te preocupes tanto por las malas hierbas. Pregúntate más bien: ¿Dónde puedo sembrar una semilla de bondad? ¿Dónde puedo sembrar una semilla de esperanza? ¿Dónde puedo sembrar una semilla de paz?
Tú eres el sembrador. Dios es el jardinero. Deja las malas hierbas en las manos de Jesús. Él sabe mucho mejor que nosotros cómo cuidar el campo.


